Identidad corporativa: del valor del servicio al valor de la marca

La identidad corporativa de una compañía hace ya tiempo que dejó de referirse únicamente a la manifestación física de su marca (si reducimos ésta al conjunto de sus elementos visuales) para pasar a convertirse en una de las herramientas quizás más sutiles y, sobre todo, más poderosas, de su comunicación estratégica.     
Cuando hablamos de imagen de marca hablamos de valores, de propuestas competitivas, de apuestas de futuro. Es la expresión del carácter diferencial de la organización, que subyace –o debiera hacerlo- de una reflexión profunda del qué y el cómo de cada proyecto empresarial.

La lectura, entendimiento y diferenciación de la marca pasa por convertirse en un área estratégica del desarrollo de la compañía. Los valores no sólo existen, es esencial que se asuman y comuniquen con fidelidad.

“No hay nada peor que la imagen nítida de un concepto difuso.”

Así concebida y respetada, la identidad corporativa puede suponer uno de los elementos vertebradores de la diferenciación que exigen los nuevos mercados, cada vez más atomizados y regidos por una competencia creciente y cambiante. Se hace necesario trabajar en la construcción de una marca sólida, bien definida y con estrategias de posicionamiento efectivas. Un objetivo que pasa necesariamente por definir la filosofía corporativa: esa manera de hacer que es sólo nuestra, sobre la que construir una propuesta de valor confiable, convincente y relevante.

identidad_diferenciacion_doxmedia_2 Identidad corporativa: del valor del servicio al valor de la marca

 

“Conformar una identidad con visión holística para que el prestigio se transforme en el motor de la repercusión”.

En el caso de las empresas industriales, la innovación y la capacidad de crecimiento y adaptación –financiera, de producto, tecnológica…- han sido tradicionalmente los elementos más perseguidos en esta carrera por la diferenciación. Poco a poco, se han ido sumando a ellos aspectos como los recursos humanos –la gestión del talento y el “factor humano”- el retorno a la sociedad, o el respeto al medioambiente. Aspectos que conforman el carácter necesariamente humano de la marca, y que han resultado ser claves para el segundo de los aspectos que nos ocupa en este artículo: la identidad digital.

En los últimos años, gran parte de nuestra vida profesional y personal se ha trasladado al entorno digital: compramos en Internet, buscamos casa y trabajo en la red, nos informamos y documentamos cada día en la vorágine de portales que tenemos a golpe de clic. En este contexto, se impone por tanto un tipo diferente de presencia social y resulta indiscutible una identidad corporativa digital de calidad. Incluso trasladar nuestros esfuerzos comerciales también a la red y realizar una gestión eficaz de las redes sociales constituyen la piedra angular de una buena estrategia de comunicación.            

Este tipo de procesos de transformación asociados al cambio se quedan obsoletos y pierden valor si no evolucionan dentro de la identidad de marca. No basta con tener presencia: la identidad digital es además “la suma” de lo que decimos, lo que dicen de nosotros, y nuestra relación con los grupos de interés en un entorno en que impera la bidireccionalidad en la comunicación.

“El estado de opinión es un bien capital. El motor más dinámico del mercado”

El reto ahora es saber reflejar nuestro carácter en un abanico de canales tan diverso que viaja desde el plano editorial hasta la comunicación con clientes o trabajadores en Internet. Hoy ya no es suficiente decir, tenemos que escuchar.  Un esfuerzo imprescindible que requiere atención si queremos competir en base a una estrategia de diferenciación sólida, que nos impulse en la evolución de nuestro proyecto empresarial.

COMPARTIR:

Acerca del uso de cookies en esta web

Al seguir navegando en esta web, aceptas el uso de cookies para la mejora de la experiencia de navegación y análisis estadístico del mismo. Para saber más acerca del uso de las mismas, consulte la sección COOKIES

x